El Huila en la encrucijada: entre el continuismo y el “voto bronca”

A medida que nos acercamos a marzo de 2026, el departamento del Huila se convierte en un laboratorio político fascinante y, a la vez, preocupante. Con más de 947.000 ciudadanos habilitados para votar, la contienda por las curules en la Cámara de Representantes no es solo una lucha de nombres, sino un pulso entre las maquinarias tradicionales y un electorado que parece cada vez más inclinado hacia personalismos mediáticos.

El bastión de las estructuras tradicionales

Históricamente, el Huila ha sido un territorio donde el peso de los clanes y las estructuras políticas definen los resultados. Partidos como Cambio Radical, liderado regionalmente por la influencia de los González Villa, y el Partido Liberal, liderado por el actual gobernador del Huila, Rodrigo Villalba, buscan mantener su hegemonía. La consolidación política de figuras como Julio César Triana, quien aspira a su tercer periodo, demuestra que la apuesta de estos sectores es la “experiencia”, el liderazgo y la gestión de recursos desde Bogotá.

Sin embargo, las maquinarias tradicionales enfrentan un desgaste evidente. La insignificante actividad política del Partido Conservador y la nula participación del senador Carlos Julio González son ejemplos claros de ello. El ciudadano de municipios como Neiva, Pitalito y Garzón no solo pide obras: pide seguridad y soluciones reales a la crisis del sector arrocero. Asimismo, el temor del cafetero huilense —que, aunque está en crecimiento, requiere medidas ante una hipotética crisis del sector— es un tema que las curules actuales no han logrado mitigar, debido a la venia hacia el presidente de la República, la falta de trabajo legislativo o la oposición al mismo.

El ascenso de los “outsiders” y la seguridad como eje temático

En Cámara, el crecimiento de sectores independientes es una tendencia en la agenda política del Huila. El Partido Alianza Verde toma fuerza y, aunque se ha debilitado por decisiones internas de última hora, tiene la posibilidad de quedarse con una credencial. En el Verde aparecen candidatos como Camilo Durán y Natalia Caviedes.

En la “disidencia verde”, junto al diputado Lara, está el Partido Dignidad y Compromiso, de matices conservadores y color morado, liderado por William Alvis, el célebre abogado que recorre Neiva en chiva rumbera y que viene creciendo de a poco, aunque sin posibilidades reales de ganar la credencial.

Mientras tanto, el Pacto Histórico intenta consolidar su base. La coalición de gobierno enfrenta un desafío que debe resolver con urgencia: la fragmentación interna. Esto demuestra que, aunque existan bases que respalden a este sector, los egos y la poca lectura de la coyuntura política ponen en vilo la credencial que ganó la invisible Leyla Rincón.

La paradoja huilense es clara: mientras el departamento ha sido beneficiario de diálogos de paz e inversión social en salud y educación por parte del Gobierno Nacional, el electorado parece estar girando hacia la derecha radical como respuesta a la incertidumbre y la percepción de inseguridad.

Conclusión: el peligro del abstencionismo

El dato que debería quitarles el sueño a los candidatos no es quién lidera las encuestas de opinión, sino el silencio de los municipios. Con una estrategia de “paz electoral” lanzada por la Procuraduría para evitar delitos como el constreñimiento, el Huila se juega su representación nacional.

Si los candidatos a la Cámara siguen encerrados en sus “microburbujas” de Neiva y no conectan con el campesino que hoy teme por su cosecha y su vida, el ganador de 2026 no será un partido, sino la apatía.