“Yo creí que era el fin del mundo”

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“Yo creí que era el fin del mundo”

Escrito por: Luisa Dávila

Eran las 10 y 25 de la mañana del jueves 9 de febrero de 1967. Cuando Zoilo Chaux Jaramillo, hoy un reconocido dirigente gremial en el Huila, fue sorprendido junto a su madre y sus cuatro hermanos en el municipio de Garzón, por el terremoto de 7.2 grados que marcó la historia del departamento del Huila, por su paso devastador. Fue toda una tragedia.

Hoy a sus 68 años, recuerda como si fuera ayer, los momentos de angustia. “Yo ese día estaba en mi casa, eran las 10 y 25 de la mañana, yo tenía en ese momento 14 años, nosotros nos dimos cuenta del terremoto porque el primer animalito  que nos avisó fue una lora, el animalito salió volando”, recordó.

El epicentro del terremoto del 67 se localizó a 58 kilómetro debajo de la Cordillera Oriental muy cerca del Corregimiento de Vegalarga. Se trata de una de las tragedias más grandes que ha vivido el departamento, más de 100 muertos y cerca de 240 personas heridas, más de 1.000 viviendas destruidas, alrededor de 1.500 semidestruidas y más de 5.000 averiadas.

“La tierra bramaba muy feo”

Su profundidad hizo no solo que se sintiera en casi todo el país y con nefastas consecuencias en Huila, Tolima y Caquetá, sino que traspasó fronteras, a países como Ecuador, Venezuela y parte de Perú llegó el movimiento telúrico que parecía más el fin de mundo. Así lo recuerda Zoilo.

“Mi mama, nos contuvo a sus cinco hijos a la mitad del patio que había un empedrado, haga de cuenta una gallina protegiendo sus pollitos, eso hizo ella”, rememora con cariño.

Y continúa, “la tierra bramaba muy feo, usted veía como que las casas se le iban encima,  cuando eso pasó, yo recuerdo que a raíz de eso muchas iglesias se dañaron, la cúpula de la iglesia de Garzón se dañó, el edificio de la Gobernación de las 56 ventanas, yo recuerdo que tuvieron que demolerlo y construir el nuevo”.

Zoilo Chaux Jaramillo, dirigente gremial.

Al salir de su vivienda, aún mientras temblaba, observó el apocalipsis, “Cuando yo salí a la puerta de mi casa y miré, yo veía el pavimento de la calle donde yo vivía, haga de cuenta cuando usted se pone a mirar el río las olitas pequeñas que se hacen, así era la carretera, como las olas y bramaba la tierra una cosa fea”, acotó.

Y añadió que, “Yo creí que era el fin del mundo, porque yo nunca había vivido un terremoto, entonces como yo no lo había vivido no sabía que era eso, entonces yo decía ¡Virgen Santísima, se acabó el mundo! Piensa uno que se va a abrir la tierra y se lo va a comer. Yo no sé si me oriné en los calzones pero el susto fue muy duro”.

Hizo estragos

En al menos 200 millones de pesos de la época fueron calculadas las pérdidas. En los municipios de Campoalegre, el sitio Vega de Oriente y la inspección de policía El Paraíso, de Algeciras, más de la mitad de las casas y edificaciones colapsaron.

Hubo licuación de suelos, las personas durante el terremoto ni siquiera podían mantenerse en pie, hubo deslizamientos y agrietamiento del terreno en 21 poblaciones entre los departamentos de Huila y Tolima, hubo bloqueo de carreteras. En Neiva, Pitalito, Altamira, Vegalarga y muchos otros municipios afirman haber visto ondas en el suelo de aproximadamente 50 cm de altura, como lo relató don Zoilo.

Tal fue el impacto del terremoto que los huilenses tardaron mucho en recuperar de algún modo la tranquilidad. Durante semanas la gente temía réplicas de gran magnitud, aunque en efecto el fenómeno tuvo en los tres primeros días alrededor de 20 réplicas de gran intensidad, y la estación sismológica de Bogotá registró hasta el 9 de marzo del mismo año, un total de 350 réplicas. La gente trasladó sus dormitorios a los jardines, solares y patios, por temor a quedar sepultados bajo los escombros de sus viviendas.

“Nosotros duramos como un mes ‘psicosiados’ porque a toda hora parecía que estuviera temblando. Uno salía y le daba como miedo, como había grietas en la calle, a uno le daba miedo que una de esas grietas se abriera y se lo tragara”, recuerda Zoilo.

Y agregó, “yo recuerdo tanto a un amigo que es compañero de estudio mío, Gilberto Rodríguez, a él le cayó una tapia encima y le partió una piernita, él era uno de los mejores estudiantes del colegio Simón Bolívar, eso no se me olvida nunca”.

Hoy se cumplieron 54 años después de ese inolvidable y terrible fenómeno natural, quienes vivieron para contarlo aseguran que no ha pasado nada semejante desde ese día.

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